Mi Ama ... y sus amigas.
Estoy de rodillas en el suelo, diminuto y expuesto, mientras ellas forman un círculo perfecto a mi alrededor, todas mucho más jóvenes que yo. Mi Ama y sus amigas, la mayoría de veintipocos, mirándome desde arriba como si fuera un viejo patético. El contraste es brutal.
Siento que me arde la cara de vergüenza.Las voces empiezan a llover sobre mí:—Jajajaja miradlo… ¿este es el “hombre” del que nos hablabas, Valeria? —dice una rubia con cara de asco—. Pero si parece mi padre. Qué puto asco.—Qué triste —añade otra, haciendo el signo de los cuernos con la mano—. Un tío de su edad arrodillado como un perro delante de un grupo de chicas jóvenes. ¿No te da vergüenza, abuelo?Mi vecina, Sara (la del top verde clarito), que vive justo en el piso de enfrente, se ríe con más ganas que nadie mientras me apunta con el dedo:—Todos los días me lo voy a cruzar en el portal y ahora sé que es un puto sumiso. Cada vez que lo vea saliendo con su traje de oficina voy a recordar esta cara de perdedor que tiene ahora mismo. Voy a sonreírle sabiendo que le gusta que lo humillen chicas más jóvenes que él.
Otra chica, apenas con veinte años, se agacha un poco para mirarme mejor:—¿De verdad te pone esto, viejo? ¿Que un grupo de chicas que podríamos ser tus hijas te trate como a un gusano? Joder, qué asco das. Mira cómo se le pone roja la cara… está cachondo, el muy cerdo. Y encima le pone cachondo que le encierren la polla en una jaula, el muy cerdo.
Sara (mi vecina) se ríe y añade:—Desde hoy cada vez que nos crucemos en las escaleras le voy a decir “buenas tardes, señor” con una sonrisita… y los dos vamos a saber que por dentro está pensando en lamer mis zapatillas. ¿A que sí, perrito?
Valeria, mi Ama, pone el pie encima de mi hombro y presiona hacia abajo mientras habla con orgullo:—¿Veis? Este es mi juguete. Un hombre hecho y derecho completamente roto por unas cuantas chicas jóvenes. Decidle lo que pensáis de él.Y empiezan otra vez:
Mi pensamiento interno mientras todo esto pasa:«Dios… esto es demasiado humillante. Son tan jóvenes, tan guapas, tan superiores… y yo aquí, arrodillado como un viejo depravado. Y lo peor es Sara. La voy a ver casi todos los días. Cada vez que me la cruce en el edificio voy a recordar este momento. Ella va a saber siempre quién soy realmente: el sumiso de Valeria, el perrito de un grupo de chicas que le sacan más de quince años.»Siento la jaula apretándome brutalmente mientras las risas y los insultos siguen cayendo. Y aunque quiero que la tierra me trague… solo consigo bajar más la cabeza y susurrar para mí mismo:—Gracias… gracias por humillarme, Amas…
Siento que me arde la cara de vergüenza.Las voces empiezan a llover sobre mí:—Jajajaja miradlo… ¿este es el “hombre” del que nos hablabas, Valeria? —dice una rubia con cara de asco—. Pero si parece mi padre. Qué puto asco.—Qué triste —añade otra, haciendo el signo de los cuernos con la mano—. Un tío de su edad arrodillado como un perro delante de un grupo de chicas jóvenes. ¿No te da vergüenza, abuelo?Mi vecina, Sara (la del top verde clarito), que vive justo en el piso de enfrente, se ríe con más ganas que nadie mientras me apunta con el dedo:—Todos los días me lo voy a cruzar en el portal y ahora sé que es un puto sumiso. Cada vez que lo vea saliendo con su traje de oficina voy a recordar esta cara de perdedor que tiene ahora mismo. Voy a sonreírle sabiendo que le gusta que lo humillen chicas más jóvenes que él.
Otra chica, apenas con veinte años, se agacha un poco para mirarme mejor:—¿De verdad te pone esto, viejo? ¿Que un grupo de chicas que podríamos ser tus hijas te trate como a un gusano? Joder, qué asco das. Mira cómo se le pone roja la cara… está cachondo, el muy cerdo. Y encima le pone cachondo que le encierren la polla en una jaula, el muy cerdo.
Sara (mi vecina) se ríe y añade:—Desde hoy cada vez que nos crucemos en las escaleras le voy a decir “buenas tardes, señor” con una sonrisita… y los dos vamos a saber que por dentro está pensando en lamer mis zapatillas. ¿A que sí, perrito?
Valeria, mi Ama, pone el pie encima de mi hombro y presiona hacia abajo mientras habla con orgullo:—¿Veis? Este es mi juguete. Un hombre hecho y derecho completamente roto por unas cuantas chicas jóvenes. Decidle lo que pensáis de él.Y empiezan otra vez:
—Patético.
—Inútil.
—Un viejo frustrado que solo sirve para que nos riamos de él.
—Seguro que la tiene chiquitita y encerrada, ¿verdad?
Mi pensamiento interno mientras todo esto pasa:«Dios… esto es demasiado humillante. Son tan jóvenes, tan guapas, tan superiores… y yo aquí, arrodillado como un viejo depravado. Y lo peor es Sara. La voy a ver casi todos los días. Cada vez que me la cruce en el edificio voy a recordar este momento. Ella va a saber siempre quién soy realmente: el sumiso de Valeria, el perrito de un grupo de chicas que le sacan más de quince años.»Siento la jaula apretándome brutalmente mientras las risas y los insultos siguen cayendo. Y aunque quiero que la tierra me trague… solo consigo bajar más la cabeza y susurrar para mí mismo:—Gracias… gracias por humillarme, Amas…
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