Sororidad entre amigas.
En el sagrado Salón de la Sororidad de la Ginarquía , el poder femenino se exhibe sin vergüenza ni piedad. Contempla la escena. Una Mujer Suprema, serena y radiante, sostiene con firmeza el látigo que simboliza el nuevo orden mundial. Frente a ella, un macho desnudo de torso, atado al poste de castigo, con las manos inmovilizadas y la cabeza humilladamente baja. Su cuerpo fuerte y entrenado ya no representa amenaza alguna: solo es carne expuesta, vulnerable y lista para ser corregida. Y lo más hermoso: no está solo con su Ama. Detrás de ellos, el Consejo de Hermanas observa con sonrisas de pura satisfacción. Mujeres unidas, elegantes y poderosas, disfrutando del espectáculo. Porque esta humillación no es privada. Es pública . Deliberada. Compartida. Cada una de ellas puede ver con sus propios ojos cómo el macho es reducido a su verdadera esencia: un ser inferior, quebrado y completamente sometido. —Mírenlo, hermanas —dice la Ama con voz clara y orgullosa, mientras golpea suavemen...