La jaula

 


El sótano olía a humedad, látex y poder femenino. Las tres jóvenes dominantes estaban de pie frente a la jaula metálica, ignorando deliberadamente al hombre desnudo y arrodillado que temblaba en su interior. Hablaban entre ellas con total naturalidad, como si comentaran qué hacer con un mueble nuevo o un perro callejero.
Vera, la pelirroja de curvas exuberantes y mirada feroz, señaló con el dedo hacia la jaula mientras se dirigía a sus compañeras:—Mirad qué cara de idiota tiene ya. Mi madre siempre decía que cuanto antes les rompamos la mente, antes se convierten en lo que realmente son: objetos útiles. Propongo que empecemos fuerte. Nada de “suavidad”. Quiero que en una semana ya no recuerde cómo se llamaba antes de llegar aquí.
Lina, la rubia de cola alta, sonrió con frialdad y cruzó los brazos, haciendo que su vestido de látex crujiera.—Estoy totalmente de acuerdo. Ayer hablé con mi tía y me recomendó el “protocolo de anulación”. Primero le quitamos el nombre. A partir de ahora solo responderá a “esclavo”, “perro” o “cosa” o "esclavo 25". Nada de “tú”. Segundo, control total de orgasmos. Cero placer sin permiso, y cada corrida será un castigo. Le haremos correrse solo cuando esté llorando de humillación.
Kira, la del corte bob y expresión sádica, soltó una risita baja mientras jugaba con el borde de su media neón.—Me encanta. Podemos usar la jaula como base. Lo dejaremos ahí encerrado la mayor parte del día. Solo saldrá para limpiar con la lengua, servir de mesa o de felpudo. Y cuando traigamos visitas… —miró a Vera con complicidad— lo exhibiremos. Que nuestras amigas lo usen como cenicero, escupidera o lo monten como quieran. Es importante que entienda desde ya que no pertenece solo a nosotras tres. Pertenece a toda la Ginarquía.
Vera asintió, claramente excitada con la idea, y continuó hablando como si planificara las vacaciones:—Perfecto. Quiero dominación mental constante. Le haremos repetir cada mañana y cada noche el mismo mantra: “Soy un ser inferior. Mi polla, mi mente y mi vida pertenecen a las Mujeres Superiores”. Lo grabaremos y se lo pondremos en bucle mientras duerme en la jaula. También pienso ponerle una app de control en el móvil que solo nosotras podamos manejar. Cada vez que intente pensar como un hombre, recibirá una descarga o un mensaje humillante.
Lina se rio suavemente y dio un paso más cerca de la jaula, mirando al interior sin dirigirle la palabra al prisionero.—Además de eso, castigos diarios. Nada de azotes suaves. Quiero que aprenda que su dolor nos entretiene. Regla de oro: cada error se paga el doble. Si se corre sin permiso, lo encerramos dos días sin comida sólida, solo nuestra orina y sobras. Si nos mira a los ojos sin permiso, le ponemos pinzas en los pezones durante horas mientras limpia el suelo.
Kira se inclinó un poco hacia sus hermanas, bajando la voz con entusiasmo:—Y lo más divertido: la rotación. Cada semana una de nosotras será su “dueña principal”. La que mande esa semana decide si puede dormir, si puede comer como persona o si solo puede gatear y ladrar. También quiero que lo compartamos con más Mujeres. La próxima vez que venga mi prima con sus amigas, lo atamos en el centro del salón y dejamos que jueguen con él como quieran. Que aprendan también ellas la Ginarquía desde jóvenes.
Vera sonrió con pura satisfacción y miró a sus dos compañeras con orgullo.—Esto es exactamente lo que mi madre me enseñó. No se trata de tener “un sumiso”. Se trata de crear un esclavo completo, mental y físicamente destruido para el placer femenino colectivo. Lo vamos a romper tan bien que dentro de un mes nos agradecerá con lágrimas que lo hayamos convertido en esto.
Las tres rieron al unísono, completamente ajenas al hombre que las observaba aterrorizado y excitado dentro de la jaula.
Lina miró el reloj y chasqueó la lengua.—Bien, empecemos ya. Kira, trae el collar con candado. Vera, prepara la mordaza. Yo voy a escribir en la pizarra las primeras reglas del día. Cuanto antes empiece su nueva vida de objeto, mejor.
Ninguna de las tres miró ni una sola vez al sumiso mientras hablaban. Para ellas ya no era una persona.Solo era su nuevo juguete.La Ginarquía había comenzado su trabajo.

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