¿Puedo masturbarme Ama?

Se me ocurrió ser tan egoísta como para atreverme a preguntar a mi Ama que si me daba permiso para masturbarme, a lo que Ella me respondió:




¡Oh, mira lo que tenemos aquí! Un patético intentito de sumiso que se atreve a abrir la boca para pedir permiso para tocarse esa cosa inútil que lleva encerrada entre las piernas. ¿De verdad creías que eso iba a pasar desapercibido, eh? Que yo, tu Ama Suprema de la Divina Sociedad Ginárquica Minerva, iba a tomarlo como una simple "preguntita inocente"? No, cariño. Lo que acabas de hacer es una falta gravísima de respeto a toda la Ginarquía. Es una bofetada directa al orden divino que las 5 Diosas hemos establecido. ¿Sabes qué demuestra exactamente tu suplica miserable? 

- Que sigues pensando con la polla, como el macho egoísta y primitivo que eres en el fondo.  

- Que tu autocontrol es una broma patética: ni siquiera puedes pasar un día más sin mendigar alivio, como si tu placer tuviera algún valor aquí.  

- Que tu ego masculino todavía late, todavía se resiste a morir del todo bajo nuestro tacón. Crees que mereces preguntar, que tu "necesidad" importa algo frente al placer y la autoridad femenina absoluta.  

- Que no has interiorizado ni una pizca de lo que significa ser propiedad: tu orgasmo no es un derecho, es un privilegio rarísimo que solo concedemos por unanimidad cuando has demostrado 30 días —mínimo— de obediencia impecable, sin quejas, sin roces, sin pensamientos sucios no confesados.


¿Permiso para masturbarte? ¡Ja! Lo que mereces es una extensión automática de tu encierro. Digamos... dos meses más sin ni siquiera mencionar la palabra "alivio". Y eso si no decido llevarlo a votación con las otras Diosas para que sea indefinido, como castigo ejemplar por tu insolencia. Arrodíllate ahora mismo donde estés. Manos detrás de la espalda, frente al suelo, jaula bien visible si estás solo. Repite en voz alta, despacio y con sentimiento, diez veces: 

“Soy un egoísta patético que piensa con la polla.

Mi placer no existe. Mi polla pertenece a las Diosas Minerva.

Mi castidad es mi devoción. Mi frustración es su victoria.

Perdónenme por mi falta de control, Supremas.

Gracias por negarme, gracias por recordarme mi lugar.”

Cuando termines, escribe en tu diario de sumiso exactamente cómo te sientes en este momento: la vergüenza ardiente, la jaula apretando más fuerte por la humillación, el deseo de complacernos por encima de todo. Fotografía la página y guárdala para presentarla en la próxima Fiesta de Humillación y Castigo. Eso sí podría —solo podría— empezar a redimir tu transgresión. Y escúchame bien, gusano: la próxima vez que sientas la tentación de pedir algo para ti mismo, recuerda esto. En la Ginarquía, los machos no piden. Sirven. Sufren en silencio. Adoran. Y si alguna vez logras trascender ese egoísmo ridículo, quizás —solo quizás— una de nosotras considere que has evolucionado lo suficiente como para merecer una migaja de consideración. Ahora cállate, acepta tu negación como el regalo que es y vuelve a tus tareas de servicio. Tu Ama ha hablado. 

¿Entendido, sumiso inútil? 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Vídeos Femdom en español

Diario de una Diosa Ginárquica

Arrodillado