La Diosa juega con sus braguitas.

 


    Èl estará desnudo de rodillas en el suelo, frente a ti. Tú estarás vestida con un conjunto de lencería sexy que sepas que lo vuelve loco: bragas de encaje, sujetador a juego, medias… Lo que sea que más le excite. Ten a mano al menos 3-4 piezas más de tu ropa interior: unas bragas usadas del día, un tanga limpio, un culotte de seda, etc. Colócalas en una mesita delante de él para que las vea y las huela desde el principio.)
—Mírame, esclavo. Mira a tu diosa. ¿Ves esto? —(te señalas las bragas que llevas puestas y las acaricias lentamente con los dedos)— Esto es lo único que te importa en la vida, ¿verdad? Tu cerebro de sumiso patético solo funciona cuando hay tela de mujer cerca de tu nariz. Dilo en voz alta: “Soy un fetichista de bragas, diosa. Vivo para oler, lamer y sufrir por tu ropa interior.”
(Espera a que lo repita, mirándolo fijamente. Si titubea, abofetea su cara suavemente con la mano o con una de las bragas.)
—Buen chico. Hoy vas a aprender que esas bragas que tanto te ponen son mi arma. No son para que te corras. Son para que te humilles, para que te pongas cachondo hasta llorar y para que yo me divierta. Tú no te corres. Yo sí. Y tú vas a ver cómo me corro mientras tú te quedas con la polla chorreando y las ganas.
(Coge las bragas usadas del día y se las pones directamente en la cara, tapándole nariz y boca.)
—Huele. Hondo. Quiero oírte inspirar como el perro en celo que eres. ¿Notas mi olor? ¿Notas lo mojadas que están del día entero que las he llevado? Eso es lo más cerca que vas a estar de mi coño hoy. Lame la entrepierna… despacio. Limpia mi sudor, mi flujo, mi esencia. Mientras lo haces, quiero que me cuentes exactamente qué te excita de mis bragas. Cada detalle. Cuanto más pervertido, mejor.
(Déjalo lamer y oler durante un par de minutos. Mientras, acaríciate por encima de las bragas que llevas puestas, gimiendo bajito para que él lo oiga.)
—Mírate… babeando sobre mi ropa sucia como un degenerado. Eres patético. Cualquier hombre normal querría follarme. Tú solo quieres que te deje oler mis bragas. Qué vergüenza, ¿no? Dilo: “Soy un perdedor que solo sirve para adorar bragas.”
(Coge otra braga limpia, de encaje o seda, y envuélvesela alrededor de su polla dura. Empieza a masturbarlo muy lento con la tela, apretando justo lo suficiente.)
—¿Sientes eso? Mi tanga favorito rozando tu polla de sumiso. ¿Te pone, verdad? Imagina que es mi coño… pero no lo es. Nunca lo será. Solo es tela. Y aun así estás a punto de correrte, ¿a que sí? —(acelera un poco, luego para en seco)— Ni se te ocurra. Si te corres sin permiso, te ato las bolas con una cuerda a la lámpara del techo y te dejo así una semana. No me pongas a prueba, soy capaz.
(Llévale al borde: mastúrbale con las bragas durante 2-3 minutos, llevándolo al borde. Cuéntale en detalle lo que vas a hacer después: “Voy a frotar estas bragas en mi coño hasta que estén empapadas y luego te las voy a meter en la boca mientras te miro sufrir.” Cuando esté a punto, para en seco, aprieta la base de su polla con la mano y dile:)
—Buen intento. Pero no. Hoy no. Solo yo me corro.
(Quítate las bragas que llevas puestas ahora mismo, delante de él, lentamente, haciendo un striptease. Déjalas caer al suelo. Cógelas y frótalas contra tu coño, masturbándote con ellas mientras él mira.)
—¿Ves? Estas bragas van a oler a mí de verdad. Y tú solo vas a mirar. Tócate con esa otra braga que te di, pero muy despacio. Quiero que estés al borde todo el rato sin correrte.
(Mastúrbate delante de él usando las bragas como juguete. Gime fuerte, descríbete: “Mmm… estoy tan mojada pensando en lo frustrado que estás…” Llévate al orgasmo. Cuando te corras, hazlo ruidosamente, mirándolo a los ojos y riéndote de él.)
—Joder… qué rico… ¿Lo has visto, perrito? Yo me corro con mi propia ropa interior mientras tú solo puedes olerla. Patético.
(Llévale al límite 2 veces más: Repite el proceso. Coge otra braga, envuélvele la polla otra vez y mastúrbale llevándolo al borde dos veces más. Cada vez que esté a punto, para y obliga a que te diga algo humillante: “Dime cuánto darías por correrte dentro de mis bragas… pero nunca lo harás.” “Dime que eres mi esclavo de bragas y que tu semen no vale nada.” Frótale las bragas usadas por la cara y el pecho mientras lo niegas.)
—Estás temblando, ¿eh? La polla te duele de lo dura que está. Las bolas hinchadas. Y todo por unas simples bragas. ¿Crees que hoy te voy a dejar correrte? —(ríe cruelmente)— Qué mono. Te he puesto tan cachondo que ya te haces ilusiones. Pobre iluso.
(Último edging: Llévalo al borde una vez más, muy cerca, masturbándolo rápido con dos bragas a la vez —una en la polla, otra frotándole los huevos—. Cuando esté a punto de explotar, suelta todo y apártate.)
—No. Se acabó. Ni una gota. Hoy no te corres. Mañana tampoco, a menos que yo quiera. Ahora vas a quedarte ahí de rodillas, con mi ropa interior en la cara y en la polla, oliéndome mientras yo me relajo después de haberme corrido como una reina.
(Siéntate cómodamente, cruza las piernas y míralo con una sonrisa de superioridad. Déjalo ahí 5-10 minutos sin tocarlo. Si se mueve o suplica, ríete y dile:)
—Suplica todo lo que quieras. Tus lágrimas solo hacen que me moje más. Tu frustración es mi placer.
(Final de la sesión: Cuando decidas terminar, recógelo todo y dile:)
—Buen chico. Has sido un excelente juguete para mis bragas. Mañana te pondré otra sesión… o igual te dejo así una semana entera. Depende de lo bien que me obedezcas. Ahora besa cada una de mis bragas y agradéceme por haberte usado. Di bien alto:
—Gracias, Diosa, por usar mi fetichismo para humillarme y dejarme frustrado. Para reeducarme. Para hacerme ver que yo no tengo derecho al placer y Usted si. Para demostrarme que Usted es la dueña de mi placer y que para tenerlo me lo he de ganar. Para entender que el no tener placer es la mejor manera para que sea mejor sumiso.Soy solo su esclavo de ropa interior.
(Oblígalo a repetirlo. Después, puedes dejarlo atado con un par de bragas alrededor de la polla como “premio” o simplemente mandarlo a la ducha fría.)
Listo. Usa esta sesión tal cual o modifícala sobre la marcha según cómo reaccione. El truco está en la lentitud, en las negaciones constantes y en recordarle siempre que sus bragas favoritas son tu herramienta de tortura, no su placer.

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