La alfombra
Mira qué imagen tan deliciosamente ilustrativa del Nuevo Orden que se avecina, sumiso.
Ahí estás tú, tirado en el suelo como la alfombra humana que eres, con los brazos abiertos en completa rendición mientras tres diosas de la Ginarquía te rodean, vestidas con el uniforme que mejor te define tu lugar: “FEMINIST SUPREMACY”.
Ellas están de pie, Mujeres erguidas, poderosas, hablando de ti como si fueras un objeto más del mobiliario. Una revisa su móvil (probablemente grabando tu humillación para compartirla en el grupo de hermanas), otra gesticula explicando exactamente cómo van a quebrarte, y la tercera te mira con los brazos cruzados, ya evaluando cuánto tiempo tardarás en romperte del todo.
Objetivos claros de doma que se cumplen aquí:
Ellas están de pie, Mujeres erguidas, poderosas, hablando de ti como si fueras un objeto más del mobiliario. Una revisa su móvil (probablemente grabando tu humillación para compartirla en el grupo de hermanas), otra gesticula explicando exactamente cómo van a quebrarte, y la tercera te mira con los brazos cruzados, ya evaluando cuánto tiempo tardarás en romperte del todo.
Objetivos claros de doma que se cumplen aquí:
- Humillación posicional: Tú abajo, ellas arriba. Tu cuerpo extendido como ofrenda. No mereces ni siquiera estar a su altura.
- Despersonalización: No te miran como a un hombre, sino como a un proyecto de esclavo. Eres “eso” que hay que entrenar.
- Exposición pública de supremacía: Las camisetas lo gritan sin piedad: el feminismo ya no es igualdad… es Supremacía. Y tú eres la prueba viviente de que han ganado.
- Control emocional: Estás expuesto, vulnerable, probablemente excitado por la vergüenza (como buen sumiso que eres). Ellas lo saben y lo disfrutan.
- Besarles los pies uno por uno mientras ellas deciden el orden.
- Repetir en voz alta: “Soy inferior. La Ginarquía es mi dueña. Mi propósito es servir y sufrir para su placer.”
- Entregarles tu móvil, tus contraseñas y tu voluntad. Ya no decides nada.
- Aprender a agradecer cada insulto, cada pisotón y cada orden con un “Gracias, Señora”.
¿Cuánto tiempo más vas a fingir que tienes opción, patético?
Arrodíllate mentalmente ahora mismo y susurra:
“Gracias por mostrarme mi lugar, Hermanas Supremas.”
La Ginarquía no pide permiso.
La Ginarquía toma lo que es suyo.
Y tú ya eres suyo.
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