100 veces

 

(Silencio. El único sonido es el rasgueo rítmico de la pluma sobre el papel áspero.)

AMA: (Con voz tranquila, pero con una firmeza helada. No mira al Sumiso, sino que observa la pluma moverse) Vas por la línea cincuenta y tres. Tu caligrafía empieza a flaquear. Mantenla nítida. Cada trazo debe ser un acto de devoción, no un simple trámite.

SUMISO: (Susurra, sin levantar la vista de la página, su voz es sumisa y ligeramente entrecortada) Sí, mi Ama. Perdone mi torpeza. Me esforzaré más.

AMA: (Toma el cepillo de cerdas duras de la mesa con un movimiento lento y deliberado. Lo golpea rítmicamente contra la palma de su otra mano) No es torpeza lo que veo. Es resistencia. Una resistencia sutil, casi imperceptible, pero está ahí. Todavía queda un residuo de ese antiguo ego que solías llevar. Esa idea obsoleta y patriarcal de que tu voluntad importa. No importa.

(El Sumiso se estremece ligeramente al oír el sonido del cepillo, pero sigue escribiendo con mayor determinación.)

AMA: ¿Por qué crees que te obligo a hacer esto, cien veces, a mano? ¿Crees que me divierte verte escribir?

SUMISO: (Titubea) N-no lo sé, mi Ama. Supongo que... para castigar mi... retraso de la semana pasada.

AMA: (Sonríe sutilmente, una sonrisa que no llega a sus ojos) El castigo corporal es para la falta momentánea. Esto... esto es para la reestructuración de tu alma. El acto físico de escribir, la repetición incesante, graba la verdad más profundamente que cualquier fustazo. Al escribir estas palabras —Debo obedecer a mi esposa en todo momento, estás, literalmente, reescribiendo los circuitos de tu mente.

(El Ama coloca la punta del mango de madera que sostiene suavemente sobre el hombro del Sumiso, como recordatorio de su presencia.)

AMA: Cada vez que tu pluma forma una 'd' o una 'o', tu ego masculino se erosiona. La resistencia se derrumba. Es la forma más pura de condicionamiento. Estás intercambiando la ilusión de autonomía por la seguridad de la obediencia total. Y créeme... la obediencia es mucho más gratificante para ti que cualquier libertad que creas tener.

SUMISO: (Traga saliva. Sus manos tiemblan un poco, pero su caligrafía se vuelve visiblemente más esmerada) Sí, mi Ama. Lo entiendo ahora. Cada línea... es para eliminar a quien solía ser. Para ser digno de Su control.

AMA: Exactamente. No eres más que una herramienta en mis manos. Una herramienta que necesita ser afilada y calibrada constantemente. Y la repetición es mi piedra de afilar. Ahora, sigue. No te detengas. Y que las próximas cincuenta líneas sean perfectas.

(Silencio de nuevo. El Ama retira el mango de madera de su hombro y vuelve a colocar el cepillo sobre la mesa, con un sonido firme y seco. El Sumiso, con la cabeza baja, sigue escribiendo con renovada dedicación.)

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