No estás invitado
«Mírate, cornudito miserable…
Ahí estoy yo, frente al espejo, con este conjunto de lencería puta: encaje transparente, liguero y medias de seda que acentúan mi culo para que otro hombre lo agarre fuerte mientras me folla. Me estoy preparando con detalle, perfumándome el cuello y entre las piernas para que huela a zorra cara cuando me abra de piernas para él.
Y tú… tú ni siquiera estás invitado a nada de esto.
Solo puedes quedarte ahí como el perro enjaulado que eres, mirando cómo tu esposa se pone guapa para que la usen toda la noche. Siente cómo esa polla ridícula e inútil se te hincha y duele dentro de la jaula, sin poder endurecerse, sin poder tocar nada. Esa es tu única recompensa: frustración pura y humillación constante.
Y escúchame bien, porque esto es lo más importante:
Los únicos días en los que vas a poder ver y tocar mi coño serán cuando tenga la regla. Cuando esté sangrando y ningún amante quiera follarme. Esos días, y solo esos días, te permitiré acercarte.
Porque fuera de esos días… mi coño está prohibido para ti.
Solo existe para pollas reales.
Tú solo tienes derecho a sufrir, a esperar y a limpiar los restos cuando vuelva bien follada.
¿Lo entiendes ya, perrito inútil?
Yo salgo a que me destrocen y me hagan gozar y disfrutar de mi coño como la Mujer libre que soy…
y tú te quedas aquí, encerrado, pendiente de mis reglas y de mi sangre.
Esa es tu vida ahora.»
Comentarios
Publicar un comentario