El cornudo (fin)
EL REGRESO DE MI AMA.
Las horas de espera fueron una tortura deliciosa.Estaba sentado en el sofá del salón, solo con una camiseta y los calzoncillos, mirando cómo la jaula de castidad me tenía la polla completamente atrapada, hinchada y dolorida. Cada minuto que pasaba sentía más presión. Intentaba no mirar el reloj, pero lo hacía cada pocos segundos.
A la mañana siguiente:Desperté con la jaula todavía puesta y la polla dolorida después de toda una noche de erecciones frustradas. Laura estaba a mi lado, desnuda, mirándome con una sonrisa perezosa.—Buenos días, cornudito. ¿Cómo dormiste sabiendo que otro hombre me llenó el coño anoche mientras tú lamías sus restos?Me sonrojé intensamente. Ella se acercó y me acarició la jaula por encima de la sábana.—Estás más cachondo que nunca, ¿verdad? Pobrecito… Esto solo acaba de empezar. Quiero que sepas que cada vez que salga a follar, tú vas a ayudarme a prepararme, vas a esperarme, vas a limpiarme después… y vas a darme las gracias por permitirte ser mi cornudito oficial.Me besó en la frente y susurró:—Ahora ve a prepararme el desayuno. Y piensa en cómo la polla de Marcos entraba y salía de mí anoche mientras tú estabas aquí encerrado.Me levanté de la cama, con la jaula balanceándose entre mis piernas, sintiendo una mezcla brutal de humillación, amor y excitación enfermiza.Ya no había vuelta atrás. Era oficialmente su cornudo.
Pensamientos mientras esperaba:
“¿Ya estará follándolo? ¿Le estará chupando la polla ahora mismo? ¿Estará gritando de placer como nunca gritó conmigo?”
La jaula me apretaba brutalmente cada vez que mi mente imaginaba a Laura abierta de piernas para otro hombre. Sentía vergüenza, excitación, celos y una humillación tan profunda que casi me hacía temblar. Me tocaba la jaula por encima del calzoncillo, desesperado, sabiendo que no podía hacer nada. Solo podía esperar como el cornudito que era.
Pasaron casi tres horas y media cuando escuché la llave en la puerta.Laura entró. Su pelo estaba revuelto, el maquillaje corrido (el labial rojo estaba completamente borrado), y tenía las mejillas sonrojadas. El vestido negro se le pegaba al cuerpo y se notaba que no llevaba el tanga puesto. Olía a sexo, a colonia masculina fuerte y a sudor. Se veía recién follada.Cerró la puerta y me sonrió con superioridad.—Mira nada más cómo te he encontrado… esperando como un perrito fiel. ¿Cuántas veces te tocaste la jaulita mientras yo estaba siendo follada?Me puse de rodillas delante de ella sin que me lo ordenara. Mi voz salió temblorosa:—Solo una vez, Ama… no me corrí.Laura soltó una carcajada cruel.—Qué patético. Levántate y sígueme al dormitorio. Tengo un regalito caliente para ti.En el dormitorio se quitó el vestido lentamente, quedándose solo con el corsé, las medias y sin tanga. Su coño estaba hinchado, rojo y brillaba. De él caía lentamente un hilo espeso de semen blanco.—Míralo bien, cornudito —dijo abriendo las piernas y separando sus labios con dos dedos—. Esto es lo que un hombre de verdad le hace a tu esposa. ¿Ves cómo me dejó el coño? Está destrozado y lleno de leche.Se sentó en el borde de la cama y me señaló el suelo entre sus piernas.—Arrodíllate. Hoy vas a limpiar todo lo que él me dejó dentro. Mientras limpias, te voy a contar con detalle cómo me folló.Me puse de rodillas, temblando. El olor a sexo era intenso. Acerqué mi boca y empecé a lamer lentamente su coño lleno de semen.Laura me agarró del pelo con fuerza y empujó mi cara contra su vulva.—Así, lame más profundo, cornudito. Saca toda esa leche que no es tuya.Empezó a hablar con voz baja y cargada de placer mientras yo lamía:—Se llama Marcos. Tiene 38 años y una polla gruesa, larga y venosa… mucho más grande que la tuya. En cuanto subimos a la habitación del hotel me empujó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta. Me quitó el vestido en segundos. Cuando vio el corsé y el tanga se puso como loco. Me dijo que tenía pinta de puta cara y que iba a tratarme como tal.Me lamió más fuerte, tragando el semen espeso y salado.—Sigues, cornudito… no pares.
Me puso de rodillas y me hizo comérselo entero. La chupé como una puta desesperada. Tenía un sabor fuerte y me llegaba hasta la garganta. Después me tiró en la cama, me abrió las piernas y me comió el coño hasta que me corrí dos veces gritando. Luego me puso a cuatro patas, me agarró del pelo y me metió toda la polla de una sola vez. Me folló como un animal. Golpes secos, duros, profundos… me decía “este coño ya no es de tu marido, ¿verdad puta?”. Yo solo gemía que sí, que era suyo.
Laura gemía suavemente mientras yo seguía limpiándola, metiendo la lengua lo más profundo posible.—Cuando se iba a correr me pidió que lo mirara a los ojos. Me llenó entera, cornudito. Tres chorros fuertes y calientes bien adentro. Después me hizo quedar quieta un rato con la polla dentro para que “se asentara bien”. Cuando la sacó, me metió dos dedos y me dijo: “Esto es para que tu maridito lo pruebe después”.Se rio con desprecio y me apretó más fuerte la cara contra su coño.—Lame más rápido. Quiero que me dejes limpia. Siente el sabor de un hombre superior.Cuando terminé de limpiarla, Laura me miró desde arriba, satisfecha y cruel.—Buen perrito. Mañana por la noche tengo otra cita. Y tú te vas a quedar otra vez enjaulado, esperando y sufriendo.A la mañana siguiente:Desperté con la jaula todavía puesta y la polla dolorida después de toda una noche de erecciones frustradas. Laura estaba a mi lado, desnuda, mirándome con una sonrisa perezosa.—Buenos días, cornudito. ¿Cómo dormiste sabiendo que otro hombre me llenó el coño anoche mientras tú lamías sus restos?Me sonrojé intensamente. Ella se acercó y me acarició la jaula por encima de la sábana.—Estás más cachondo que nunca, ¿verdad? Pobrecito… Esto solo acaba de empezar. Quiero que sepas que cada vez que salga a follar, tú vas a ayudarme a prepararme, vas a esperarme, vas a limpiarme después… y vas a darme las gracias por permitirte ser mi cornudito oficial.Me besó en la frente y susurró:—Ahora ve a prepararme el desayuno. Y piensa en cómo la polla de Marcos entraba y salía de mí anoche mientras tú estabas aquí encerrado.Me levanté de la cama, con la jaula balanceándose entre mis piernas, sintiendo una mezcla brutal de humillación, amor y excitación enfermiza.Ya no había vuelta atrás. Era oficialmente su cornudo.
Esta es mi vida ahora. Soy su cornudo, su criada, su juguete. Y por más que me humille… no quiero que pare.
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