El cornudo

LA JAULA

 Laura me miró con esa sonrisa arrogante que últimamente me ponía la polla dura al instante.—Hoy es el día, cornudito. Vamos a la tienda erótica. Te voy a comprar tu primera jaula de castidad delante de quien sea necesario. Quiero que quede muy claro que esa cosita que tienes entre las piernas ya no te pertenece.

Me sonrojé intensamente, pero la seguí como un perrito. Media hora después entramos en “La Cueva del Placer”, una tienda erótica grande y bien iluminada del centro. Apenas cruzamos la puerta, una mujer de unos 40 años, alta, curvilínea, con el pelo negro recogido y un escote generoso, nos recibió con una sonrisa profesional pero pícara.

—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlos? —preguntó con voz grave y segura.Laura no dudó ni un segundo. Me puso la mano en la nuca y me empujó suavemente hacia delante.—Mi marido quiere que lo convierta en mi cornudo oficial. Pero antes vamos a encerrarle la polla en una jaula. Quiero la más segura y la más pequeña que tenga. Nada de tonterías románticas.La mujer (que según su placa se llamaba Carla) levantó una ceja y nos miró a ambos. Una sonrisa lenta y divertida se le dibujó en los labios.—Vaya… Así que el maridito va a ser enjaulado, ¿eh? Muy bien. Me encanta cuando las esposas toman el control de verdad. —Se dirigió directamente a mí—: ¿Tú estás de acuerdo, cariño? ¿O solo eres un pervertidito que se excita con que su mujer lo humille?Tragué saliva. Laura contestó por mí, apretándome la nuca con más fuerza:—Responde, cornudito. Dile a la señora por qué estás aquí.—S-sí… —balbuceé—. Quiero que mi esposa me ponga una jaula… porque me excita mucho saber que ella va a follar con otros hombres mientras yo estoy encerrado.Carla soltó una risita baja y sexy.—Qué rico. Me encantan los cornuditos sinceros. Venid, os voy a enseñar las mejores opciones.Nos llevó hasta una vitrina llena de jaulas de castidad de todos los tamaños y materiales. Carla sacó varias y las puso sobre el mostrador. Laura tomó una de acero inoxidable muy pequeña, con un tubo corto y grueso.—Esta me gusta —dijo mi mujer—. Mira qué diminuta es. Tu polla ni siquiera va a poder tener media erección. Perfecto.Carla asintió, mirándome con descaro.—Buena elección. Es de las más seguras. Una vez cerrada, solo se abre con la llave… o con la llave que la dueña decida guardarse. ¿Quieres que le probemos una talla ahora mismo? Tengo un probador privado.—Sí, por favor —respondió Laura sin consultarme—. Quiero verlo enjaulado antes de pagar.Carla nos llevó a un pequeño cuarto con espejo. Cerró la cortina y se quedó dentro con nosotros, claramente disfrutando del espectáculo.—Quítate los pantalones y los calzoncillos, cornudito —ordenó Carla con naturalidad—. Quiero ver qué tamaño real tienes antes de elegir la jaula definitiva.Laura cruzó los brazos y me miró con superioridad.—Obedece. Enséñale tu polla a la señora.Me bajé los pantalones temblando de vergüenza y excitación. Mi polla ya estaba medio dura por la humillación.Carla se rio abiertamente.—Ay, pobrecito… No es muy grande, ¿verdad? Normal que tu esposa necesite otros hombres. Vamos a ver… —Cogió la jaula pequeña que había elegido Laura y, sin pedir permiso, me agarró los huevos con una mano mientras intentaba meter mi polla dentro del tubo con la otra.—Mira cómo se encoge de vergüenza —comentó Carla—. Es perfecta para jaulas pequeñas. En dos minutos va a estar bien encerradita.Laura se acercó, me agarró la cara con una mano y me miró a los ojos mientras Carla manipulaba mi pene.—¿Estás excitado, mi cornudito? ¿Te gusta que otra mujer te esté tocando la polla sabiendo que pronto no vas a poder tocarla ni tú mismo?—Sí, Ama… —gemí.Carla consiguió meterla dentro y cerró el candado con un “clic” fuerte y definitivo. La llave la sostuvo en alto.—Listo. Ahora sí que es propiedad de su Ama. —Miró a Laura—: ¿Quieres llevarte también un plug anal para que vaya entrenando el culo mientras tú follas con otros?Laura sonrió con malicia.—Claro que sí. Y también un lubricante bueno, porque cuando yo esté gimiendo debajo de un hombre de verdad, quiero que él esté en casa con el culo lleno, masturbándose como pueda dentro de la jaula… aunque solo le deje correrse una o dos veces mientras yo estoy siendo follada.Carla se rio y me dio una palmadita en la mejilla.—Eres un cornudito con mucha suerte. Tu mujer es una Ama Ginárquica de verdad.Laura tomó las llaves de la jaula y se las colgó del cuello, justo entre sus tetas.—Vamos a pagar, mi amor. Y cuando lleguemos a casa te voy a explicar con detalle cómo va a ser tu primera noche de cornudo enjaulado… mientras yo hablo por teléfono con un amigo mío que tiene una polla mucho más grande que la tuya.Carla nos cobró con una sonrisa cómplice y, antes de que saliéramos, le dijo a Laura en voz baja pero audible:—Si algún día quieres traerlo para que lo vea enjaulado y humillado en público, avísame. Me encanta ayudar a las esposas a formar buenos cornuditos.Laura me agarró del brazo y salimos de la tienda. La jaula me apretaba ya de forma deliciosa y humillante.—Bienvenido a tu nueva vida, cornudito —me susurró al oído mientras caminábamos hacia el coche—. Ahora sí que eres mío… completamente mío.



LOS PREPARATIVOS.

Salimos de la tienda erótica y Laura no me dejó ni un segundo de respiro. Todavía sentía el metal frío de la jaula apretándome la polla mientras caminábamos por el centro comercial.—Ahora vamos a la tienda de lencería —anunció ella con voz alegre—. Quiero comprarme algo realmente provocativo para esta noche. Tú vas a pagar y vas a ayudarme a elegir lo que otro hombre va a disfrutar quitándome.Entramos en una elegante tienda de lencería fina. Laura se movía con total seguridad, tocando prendas aquí y allá. Una dependienta joven nos atendió, pero Laura prefirió buscar ella misma.
Se detuvo frente a un conjunto negro y rojo.
—Mira este, cornudito —dijo levantando un body de encaje negro transparente con detalles en rojo sangre. El encaje era muy fino, casi como una tela de araña, que dejaba ver completamente los pezones y el coño—. ¿Te imaginas a otro hombre arrancándome esto mientras tú estás en casa encerrado en tu jaulita?
Cogió también un conjunto de sujetador push-up de satén negro brillante con bordes de encaje floral rojo, y un tanga a juego tan diminuto que apenas cubría nada. La textura del satén era suave y resbaladiza, mientras que el encaje picaba ligeramente al tacto.
—Este tanga es perfecto —comentó ella sosteniéndolo en alto—. Mira lo pequeño que es. Solo una fina tira de encaje que se va a perder entre mis nalgas. Cuando él me lo quite con los dientes, va a ver lo mojada que estoy pensando en su polla.Probó también un corsé de tul negro y rojo, con varillas que realzaban su cintura y levantaban sus tetas de forma exagerada. El material era semitransparente y tenía pequeños lazos de satén rojo que se podían desatar fácilmente.—Me llevo este corsé, el body transparente y el conjunto de satén negro con rojo —decidió finalmente—. Quiero que esta noche parezca una puta cara para él.Pagué todo con la tarjeta, sintiendo cómo la jaula me apretaba cada vez más con cada palabra humillante que salía de su boca.Cuando llegamos a casa, Laura estaba radiante de poder.
—Desnúdate, cornudito. Solo te dejo los calzoncillos para que veas cómo se te marca la jaula. Ahora vas a ayudarme a prepararme para mi cita.
Me hizo seguirla al dormitorio. Se sentó frente al tocador y me ordenó que le trajera todo lo necesario.
Primero la colonia. Escogió una fragancia intensa y seductora: Black Opium de Yves Saint Laurent. El aroma era dulce, con notas de café, vainilla y flores blancas, muy femenino y adictivo. Le rocié el cuello, entre los pechos, en las muñecas y, siguiendo sus instrucciones, también en la parte interna de los muslos, muy cerca del coño.
—Quiero que él huela mi perfume mezclado con mi olor a excitación cuando me abra las piernas —dijo sonriendo.Después empezó el maquillaje. Me hizo acercarme y sostener el espejo.—Píntame los labios de rojo puta —ordenó—. Quiero un rojo intenso, brillante, que deje marcas en su polla cuando se la chupe.
Le apliqué un labial rojo cereza de acabado glossy que hacía que sus labios parecieran hinchados y listos para ser follados. Luego le puse sombra oscura en los ojos, delineador negro bien marcado y varias capas de máscara de pestañas para que su mirada fuera felina y dominante.
—Ahora el pelo —dijo—. Quiero que me lo seques y me lo dejes suelto con ondas grandes y sexys.Mientras le peinaba, ella seguía hablando:Me dio un beso en la frente, dejando la marca roja de sus labios.
—Sé un buen perrito y espérame. Cuando vuelva, si me ha follado bien, tal vez te deje lamerle los restos de su corrida de mi coño… si te portas bien.
—Esta noche voy a dejar que me folle sin condón, cornudito. Quiero sentir cómo me llena con su leche caliente. Tú, mientras tanto, vas a estar aquí con tu polla encerrada, oliendo mi tanga sucio de hoy y tocándote como puedas dentro de esa jaulita. Solo te permito hacerte una o dos pajas… y ni se te ocurra correrte sin mi permiso.
Cuando llegó el momento de vestirse, la ayudé con devoción humillada.Primero le puse el corsé negro y rojo. Ajusté las varillas con cuidado, apretándolo fuerte para que su cintura se viera más estrecha y sus tetas se desbordaran por arriba. El satén frío contrastaba con el calor de su piel. Luego le abroché el sujetador push-up, que levantaba sus pechos de forma obscena, creando un escote profundo y provocativo.Le deslicé el tanga negro de encaje por las piernas. La fina tela se hundió entre sus nalgas perfectas. Por último, le puse las medias negras de encaje con liga, que llegaban a mitad del muslo, con una textura suave y ligeramente brillante.
—Ahora el vestido —ordenó.Era un vestido negro ajustado, corto, con escote en forma de corazón que dejaba ver gran parte del corsé y el inicio de sus tetas. La tela era suave y se pegaba a sus curvas como una segunda piel.
Cuando estuvo completamente vestida, se miró en el espejo y sonrió satisfecha. Estaba espectacular: sexy, elegante y claramente lista para ser follada.
Se giró hacia mí, me levantó la cara con un dedo y me dijo con voz baja y cruel:
—Mírame bien, cornudito. Esta noche otro hombre va a disfrutar de todo esto que tú has ayudado a preparar. Va a tocarme, va a lamerme, va a meterme la polla hasta el fondo mientras yo gimo su nombre. Y tú vas a estar aquí, encerrado, sufriendo rico.
Me dio un beso en la frente, dejando la marca roja de sus labios.—Sé un buen perrito y espérame. Cuando vuelva, si me ha follado bien, tal vez te deje lamerle los restos de su corrida de mi coño… si te portas bien.Laura cogió su bolso, las llaves del coche y, antes de salir por la puerta, se giró una última vez:
—Ah, y deja la jaula puesta toda la noche. Quiero que se te hinche y te duela recordando que tu Ama está siendo usada como una puta mientras tú solo puedes tocarte como un cornudito frustrado.
La puerta se cerró y me quedé solo, enjaulado, excitado y completamente humillado.


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