Reeducación y dolor.
En la Ginarquía no se educa a los machos: se los reeduca. Se les borra la soberbia, se les quiebra la vanidad y se les enseña, a golpes si es necesario, cuál es su verdadero lugar.
Hoy la lección es clara y está escrita en la pizarra para que no haya dudas:
15 azotes con la vara sin moverse y sin quejarse.
Mi Ama sostiene la caña con la misma naturalidad con la que una Mujer sostiene el poder. La mira fijamente, con esa expresión serena y fría que solo tienen las que saben que el macho delante de ella no es más que un alumno torpe que debe ser corregido. No hay gritos. No hay enfado. Solo la certeza absoluta de que él va a recibir exactamente lo que merece.
Los masculinos llegan a estas aulas llenos de excusas, de orgullo residual y de la estúpida creencia de que aún tienen derecho a opinar. La vara se encarga de desmentirles. Cada azote es una frase de la nueva doctrina:
— No te muevas.
— No te quejes.
— No eres dueño de tu cuerpo.
— Tu dolor es irrelevante.
— Tu única función es obedecer.
Quince golpes. Contados. Secos. Precisos. Si se mueve, se reinicia. Si emite un solo gemido de protesta, se reinicia. Porque en la Ginarquía la reeducación no se negocia. Se impone.
Al final de la lección el macho no solo siente dolor. Ha aprendido. Ha sentido en la carne, gracias a ese dolor, lo que las palabras no lograban: que es inferior, que pertenece a las Mujeres y que su voluntad ya no cuenta.
Y cuando se levante, con las marcas todavía ardiendo, mirará a su Ama y entenderá, por fin, que no hay vuelta atrás. Sin tener el mínimo sentimiento de queja ni de rebeldía, el masculino sabe que eso es lo mejor para él, y agradece a su Ama el tiempo y el esfuerzo que le dedica para hacerle mejor, más dócil y obediente.
Así se construye un buen subordinado.
Así se forja la Ginarquía.
en mi opinión el dolor es necesario para reeducarnos, pero no solo el que es correctivo a nuestras faltas, también el arbitrario, el que la Mujer aplica por mero placer de aplicarlo, esa reeducación ya no es física, el esclavo yerra y es corregido con castigo, ese dolor aplicado por mero deseo misàndrico/ginárquico reeduca mentalmente, porque hace patente que no somos nada y que no la perfección en la servidumbre nos libera de ser "hombres" merecedores de castigo.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo, educa el dolor tras un error del sumiso, porque corrige y educa el dolor caprichoso, sin motivo, porque le recuerda al sumiso que debe acatar las opiniones de su Ama, sin quejarse.
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