El tampón.



Ama Luna sonrió con esa mezcla de ternura y crueldad que volvía loco a su novio. Vestía solo un top morado ajustado que marcaba sus pechos, y en su mano derecha sostenía el tampón por la cuerda, balanceándolo como un péndulo.

—Ven, perrito… síguelo —ordenó con voz suave.

Al principio fueron juegos “inocentes”. Caminaba despacio por la casa, moviendo el tampón de un lado a otro. Él, de rodillas, gateaba detrás, hipnotizado por el vaivén blanco y azul. Cada vez que intentaba alcanzarlo, ella lo levantaba un poco más, riendo.

—Más rápido. Si no lo sigues bien, no tendrás premio.

Lo llevó de la sala a la cocina, luego al pasillo, y finalmente al dormitorio. El tampón se mecía frente a sus ojos mientras ella caminaba contoneándose.

Cada paso reforzaba su sumisión. La mirada fija en aquel objeto íntimo femenino y que ahora le daba poder a Ella.

—Ahora… míralo fijamente —susurró Ama Luna, sentándose en el borde de la cama. Colgó el tampón frente a su rostro y comenzó a moverlo en círculos lentos.

— Sigue el movimiento. Respira profundo. Cada vez que lo veas, tu voluntad se derrite un poquito más… Te sientes más débil, más obediente, más mío.

Su voz era terciopelo oscuro. Los ojos de él se volvieron vidriosos, siguiendo el tampón como si fuera el centro del universo.

—Cada vez que este tampón esté delante de tu cara, tu mente se apaga y solo queda el deseo de servirme. ¿Entiendes, mascota?

—Sí, Ama… —murmuró él, casi en trance.

Ama Luna sonrió satisfecha. Entonces acercó el tampón hasta casi rozarle la nariz y los labios.

—Míralo. Huele tu propia rendición.

En ese instante algo hizo clic dentro de él. Una oleada de sumisión absoluta lo inundó. Sus mejillas ardieron de vergüenza y excitación. Quería obedecer. Necesitaba obedecer.

—Ahora gatea —ordenó ella, poniéndose de pie—. A cuatro patas y desnudo por toda la casa, siguiendo mi tampón. Quiero verte humillado, babeando por complacerme.

Sin dudarlo, él se puso a cuatro patas. Ama Luna caminó delante, balanceando el tampón como un señuelo. Él la siguió por cada habitación, con la frente casi pegada al suelo, el rostro enrojecido de humillación y la mente completamente entregada. 

Cada vez que ella detenía el tampón frente a su cara y decía “míralo”, su voluntad desaparecía por completo. Solo quedaba un pensamiento claro: “Haré cualquier cosa por mi Ama Luna, mi Ama Ginárquica”. Y así, gateando desnudo tras el tampón que ella movía con elegancia, selló su rendición total.

Tras esa intensa reeducación, Ama Luna decidió llevar su dominio a otro nivel. Esa misma noche lo llevó a un elegante restaurante. Sentados en una mesa algo apartada, ella sonrió con picardía. Bajo la mesa, se levantó ligeramente el vestido, se quitó el tampón que había llevado puesto durante la cena y, sin ningún pudor, lo colocó sobre la mesa blanca, justo delante de él. El tampón aún tibio, apenas había perdido el color blanco y ligeramente húmedo quedó allí, visible para cualquiera que mirara con atención. 

—Míralo —susurró ella, clavando sus ojos en los de él. Inmediatamente, la reacción fue devastadora. El rostro del sumiso se puso rojo intenso, el corazón le latió con fuerza y una oleada de vergüenza y excitación lo recorrió entero. No podía apartar la mirada. Estaba desconcertado, no sabía como actuar y no sabía qué maldad tendría en mente su Ama. 

El condicionamiento funcionó a la perfección: solo con tener el tampón frente a su cara, su mente se nubló y el deseo de someterse creció hasta doler.

—¿Qué pasa, mascota? —preguntó ella con voz baja y burlona, pinchando su comida con total naturalidad—. ¿Te excita saber que cualquiera podría verlo? ¿Te sientes pequeño y obediente? 

Él tragó saliva, incapaz de hablar. Solo asintió levemente, con la mirada fija en el tampón que simbolizaba su rendición total y que su Ama quería que esa rendición no quedara solo dentro de las paredes de su casa. 

Ama Luna sonrió satisfecha, dejando el tampón unos segundos más sobre la mesa antes de guardarlo con calma. 

—Buen chico. Esta noche, cuando lleguemos a casa, gatearás de nuevo… y harás muchas cosas más para divertirme.


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