Los Besos Patéticos del Esclavo Inútil.
Protocolo Completo del Ritual:
A las 11:00 en punto (ni un minuto antes ni un minuto después), cuando tu Ama esté teletrabajando, debes presentarte de inmediato ante ella.
Reglas obligatorias:
Te arrodillarás completamente desnudo (o solo con el collar puesto, según mi humor) frente a mi escritorio.
Colocarás las manos detrás de la espalda y bajarás la cabeza hasta que tu frente toque el suelo durante 30 segundos en completo silencio.
Esto es para que recuerdes que no eres un hombre, sino un objeto de servicio.
Te incorporarás solo cuando yo diga: “Comienza”.
Tomarás mi pie derecho (y luego el izquierdo, si lo ordeno) con ambas manos con delicadeza, como si fuera algo sagrado que no mereces tocar.
Para cada uno de los diez dedos, deberás dar exactamente tres besos siguiendo este protocolo humillante:
Beso 1: Beso lento y profundo, presionando bien los labios contra el dedo.
Beso 2: Beso más largo, aspirando profundamente para oler mi pie mientras besas.
Beso 3: Beso con lengua. Sacarás la lengua y lamerás el dedo de abajo hacia arriba, terminando con un beso final.
Después de besar cada dedo, dirás en voz alta y clara:
“Gracias, Ama, por permitirme besar este dedo.”
Entre cada dedo deberás esperar mi permiso diciendo:
“¿Puedo continuar con el siguiente, Ama?”
Si cometes algún error (besas demasiado rápido, no usas lengua, olvidas las palabras, etc.), el ritual se reinicia desde el primer dedo.
Una vez terminados los diez dedos, apoyarás tu mejilla contra la planta de mi pie y permanecerás así en silencio durante dos minutos completos, mientras yo sigo trabajando, oliendo mi pie, esté sudado o no. Solo se oirá tu respiración.
Al finalizar, besarás la planta de cada pie una vez más y dirás:
“Gracias Ama por usar mi boca para relajarla. Soy un esclavo inútil que solo sirve para esto.”
Este ritual no es solo para relajarme.
Es para recordarte diariamente, en medio de mi jornada laboral, que tu lugar está debajo de mí, besando mis pies mientras yo hago cosas importantes. Tu boca no sirve para hablar, solo para adorar y humillarte.
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